Rosa Araneda - Volcán Calbuco

Dos plagas más el volcán Calbuco y el cambio tan bajo

El volcán vomita fuego
en la noche y en el día:
¡Ay, Jesús, Virgen María,
atiende este triste ruego!

Señas del juicio final
son las que ya se están viendo:
en todos, según lo entiendo,
es la ruina en general;
contra el terrible mal
habrá que ponerle luego,
y así vivirá en sosiego
la gente, según se opina,
y para aumentar la ruina
el volcán vomita fuego.

El cambio a trece penique
es otra plaga infernal,
que no podrá serle igual
el Calbuco aunque se pique;
no digan que esto es palique,
ni descaro y villanía;
es sobre la carestía
que reina con tal pelambre;
mueren hoy los pobres de hambre
en la noche y en el día.

Yo me admiro del Gobierno,
aunque tranquilo repose;
¿por qué diablos no conoce
que esto es un castigo eterno?
Pronto su boca el averno
abrirá por tal orgía,
viendo, pues, la tiranía
que en Chile reina en sí mismo,
y abrense las del abismo...
¡Ay, Jesús, Virgen María!

El volcán es un aviso
para los hombres de ciencia
que han perdido la conciencia
por la plata de improviso;
al pensar me aterrorizo;
y de mi patria reniego;
ya que a la razón me allego
a nombre de la nación,
¡santo Dios de la mansión,
atiende este triste ruego!

Al fin, señores ¿por qué
nos hacen tanto sufrir?
¿No piensan que han de morir,
que tienen tan poca fe?
Después les acordaré,
para el año venidero;
por si acaso antes me muero
daré a saber sin demora:
para los ricos de ahora
solo es el dios Don Dinero.


Las grandes erupciones volcánicas del Calbuco

Grandes pérdidas ha habido
por la cuestión del volcán:
fuego pasa vomitando
diariamente con afán.

Los pobres agricultores
que tenían sus sembrados,
al verlos ya aterrados
huyen de aquellos calores;
con ayes aterradores
claman y dicen ¡Dios mío!
¿Por qué es tanto tu desvío
con los mortales, te digo?
Este año como en castigo
grandes pérdidas ha habido.

La lava corre a torrentes
por los campos y poblaciones,
porque de las erupciones
brotan las aguas vertientes.
Todos los aires calientes
en esa atmósfera están,
y aumentándose van
cada vez más, si cesar
se ven los hombres llorar
por la cuestión del volcán.

Del peso de la ceniza
los árboles corpulentos
doblan sus ganchos, violentos,
ligeramente, con prisa.
Al verlo que se divisa
es de quedarse pensando
todo lo iré detallando
punto por punto en lo que hablo;
que como boca del diablo
fuego pasa vomitando.

Varias veces a oscura
queda el mudo, en mi entender,
y la gente para ver
velas prende, se asegura;
es tan grande la amargura,
que al Hacedor clamarán;
¡bueno si harto sufrirán!
Entre la angustia y el llanto
dicen santo, santo, santo,
diariamente con afán.

Por último, en las fronteras
la gente no está tranquila,
y al presenciar horripila
verlas montañas enteras
trasformadas en hogueras
ardiendo, aunque se hallan verdes;
más vale que no me acuerde
de aquel pánico feroz,
ya que nos devuelve Dios
todo lo que el pobre pierde.

Lira Popular: Rosa Araneda

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