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miércoles, 1 de octubre de 2008

Carta de Cristián Warnken a su hijo










Cristián Warnken, profesor de literatura y comunicador, creador y conductor del programa “La Belleza de Pensar” y “Una Belleza Nueva”. Es también columnista de la página editorial de “El Mercurio” de Santiago y Director de la escuela de literatura de la U. del Desarrollo.


Carta de Cristián Warnken a su hijo

Clemente

Llora por ti tu jardín, que siempre insistías en llamar "mi jardín". Llora el intruso gato blanco y negro, que merodeaba por las tardes y que tú llamabas mi gato amigo. Llora el cerro Manquehue, que veías desde la ventana de tu pieza. Llora la plaza de Almirante Acevedo, alrededor de la cual corrías una y otra vez, como un Forrest Gump de tres años. Lloran los resbalines que te vieron crecer en temeridad y por los que te lanzabas con gozo. Llora la montaña del camino de La Pirámide, destrozada por la construcción de autopistas y a la que decías "pobre montaña". Llora tu nana, a la que llamabas "mi reina", "mi Karencita hermosa", piropero precoz.

Lloran las fuentes de agua, ante las que te quedabas en éxtasis mirando caer el agua, el agua que te asombró más que nada en el mundo, el agua de los ríos, el agua de las llaves de agua de la casa, que abrías sin cesar, el agua del mar, oh, tu locura por el agua, Clemente, toda el agua del mundo llora por ti, y mana en nuestras lágrimas.

Lloran por ti Whinnie the Poo y Tigret y Christopher Robbin, y todos sus amigos, porque en sus libros de aventuras te sentías en familia. Tú eras como Whinnie the Poo, tierno, goloso, amical. Llora por ti tu chupete gastado y fiel, que intentamos vanamente botar tantas veces y que ahora te espera sobre la almohada vacía. Lloran por ti las esculturas del Parque de las Esculturas de Pedro de Valdivia, donde fuimos el día antes de tu partida, a correr, a subir al olmo gigante; llora por ti la escultura del ángel sin cabeza que miraste extrañado, llora por ti la librería Ulises, donde estuvimos esa misma tarde y donde hojeaste libros sobre un sillón de cuero. Llora por ti el libro de "Willie, el oso", que te regaló esa tarde Benjamín, el librero, y que no alcancé a leerte.

Llora la escalera de madera de nuestra casa, que bajaste todas las mañanas de tus días. Llora el espejo del baño hacia el cual te empinabas para mirarte, como si fuera extraño tu propio rostro, oh, hermoso, demasiado hermoso para durar aquí, al otro lado del reflejo. Llora la canción "Cangrejito" del grupo Zapallo, que bailaste tantas veces y querías volver a escuchar, pero que se perdió en algun rincón de nuestro bello desorden. Llorará la lluvia en invierno cuando no te encuentre debajo del panel de vidrio, mirándola gota a gota. Lloran los caballos del Club de Polo que siempre venías a espiar. Lloran los cuadros de Santos Guerra que cuelgan de nuestras murallas, y el pueblo de cuento y sus personajes a los que saludábamos como si fueran reales, el hombre del paraguas verde, tus amigos al otro lado del sueño. Llora la playa de Wailandia, donde corrimos mojándonos los pies con las olas, qué fiesta, qué gritos, qué risa. Lloran las gaviotas que pasaban por ahí, llora el restaurant Caleuche, donde fuimos a ver la puesta de sol con Angélica y Laura, llora el rayo verde que nunca se hizo ver. Llora el Estadio Santa Rosa de Las Condes, donde apenas empezabas a ir a clases de fútbol, estadio que desaparecerá, como desaparece todo y todos, porque somos un duelo sin fin. Llora el Parque Forestal donde naciste, llora la calle Ismael Valdés Vergara. Lloran los taxis en los que te gustaba que te llevara en las mañanas a tu jardín. Lloran los tres cojines que tú mismo instalabas obsesivo, hasta que quedaran perfectos (y tu decías "perfecto"), adonde posabas tu cabecita llena de rulos para tomarte tu mamadera. Todos lloran, también tu piscina amada, que te vio, dichoso, nadar, ¡cómo llora desconsolada! Lloran las cosas que tocaste, los lugares donde anduviste, y lloramos nosotros, ya sin lágrimas.

Entonces, ¿por qué ríes, por qué tu cara pura de niño muerto insiste en reír, mientras todos lloran sin consuelo? ¿Por qué ríes, Clemente, amor mío, dolor nuestro?

lunes, 17 de diciembre de 2007

No Te Vayas Mamá!!!!!

"De Los Apeninos A Los Andes"
Nombre Original: Haha wo Tazunete Sanzen Ri (Haha wo tazunete sanzenri) 母をたずねて三千里 Música Original por: Christian Bruhn Kôichi Sakata
Mi versión en piano del tema de inicio de la serie, llamado "Sougen no Marco" ("Adiós, mamá" en España y Latinoamerica) La canción esta disponible aquí Adiós. Mamá En un pueblo italiano * al pie de las montañas vive nuestro amigo Marco en una humilde morada. Se levanta muy temprano para ayudar a su buena Mamá. Pero un día la tristeza llega hasta su corazón Mamá tiene que partir cruzando el mar a otro país. No te vayas Mamá no te alejes de mi adiós Mamá pensaré mucho en ti no te olvides Mamá que aquí tienes tu hogar. Si no vuelves pronto iré a buscarte donde estes no me importa donde vayas Te encontraré!!!!! * "muy lejano" (diferencia entre la versión española y la latinoamericana) Marco: De Los Apeninos A Los Andes
Marco (母をたずねて三千里, "Haha wo tazunete sanzenri"?, Tres mil leguas en busca de mamá), también conocida como De los Apeninos a los Andes, es una serie de anime basada en un capítulo del libro italiano Cuore ("Corazón") de Edmundo de Amicis. (52 episodios de 24 minutos). La novela de Marco muestra con crudeza, pero con un final esperanzador, el drama de la emigración italiana al final del siglo XX, tras las dos guerras mundiales. En aquellos momentos Italia vivió una época de crisis que se prolongó hasta los años 60, especialmente en las zonas del sur y de Sicilia. La carestía constante obligó a muchas personas a buscar trabajo en el industrializado Norte (especialmente Milán) y en otros países como Estados Unidos o Argentina.
El drama alcanzó cuotas sorprendentes:
  • En algunas regiones emigraron pueblos enteros.
  • Cuando los estadounidenses llegaron a Sicilia y la Italia continental durante la Segunda Guerra Mundial fueron muy bien recibidos, pues era rara la familia que no tenía algún miembro en ese país.
  • En Argentina la italiana es la comunidad más numerosa, incluso por encima de la española.
La novela muestra este drama.
Marco es un niño de unos 12 años de Génova, norte de Italia. En su casa se vive en una situación de penuria económica; pero él es feliz con su familia y levantándose muy temprano para ayudar a su madre antes de ir al colegio. Un noche, tras una magnífica jornada en el campo con los suyos, Marco recibe la noticia de que su madre los deja para ir a la, en aquel tiempo, próspera Argentina para poder enviar dinero. El choque resulta muy fuerte para el muchacho que no quiere quedarse sin su madre y decide entrar de polizón en un barco. Es descubierto y entregado a su padre; pero este, viendo su gran determinación, le da permiso para realizar el viaje hasta América. La travesía transcurre sin incidentes y Marco gana algo de dinero trabajando; pero al llegar a Buenos Aires comienza los problemas propios de una persona salida de la seguridad familiar para entrar en una gran urbe como la porteña. Tampoco cruzar La Pampa resulta fácil por las largas distancia, el ser descubierto cuando iba de polizón en un tren, las enfermedades que sufre... Pero en todo momento los argentinos que va encontrando lo ayudan en la medida de sus posibilidas y consigue llegar a Tucumán donde está su madre.
Corazón Autor: Edmundo de Amicis Género: Diario juvenil
En 1886 apareció Corazón (Cuore), que dio celebridad a su autor en el mundo entero y alcanzó mas de cuarenta ediciones. El libro fue distribuido por la editorial milanesa Treves al inicio del año escolar. La obra está construida como un diario escolar, en el cual Enrique, muchacho turinés de tercer curso, anota los acontecimientos principales del año, entremezclados con las cartas de sus padres y con cuentos mensuales, algunos de los cuales se han hecho famosísimos (El pequeño vigía lombardo, De los Apeninos a los Andes, El pequeño escribiente florentino). Son relatos patéticos y conmovedores, y en realidad todo el libro está construido para provocar la emoción y las lágrimas del joven lector; de este modo, De Amicis intentaba que su público participase de los valores morales y sociales (sentido del deber, del honor, del patriotismo, del trabajo, de la honradez) indispensables para convertir definitivamente a Italia en un país moderno. El éxito del libro fue enorme; baste decir que en dos meses y medio alcanzó 41 ediciones. En 1896 el número de ediciones llegaba ya a 197, y en el siglo XX se tradujo a cuarenta lenguas.
Edmundo de Amicis
(Oneglia, Italia, 21 de octubre de 1846 - Bordighera, Italia, 11 de marzo de 1908) era un escritor italiano. Tuvo su primer contacto con la literatura en Cuneo. Estudió en un liceo de Turín. Entro a los 16 en la Academia Militar de Módena, donde se recibió de oficial. Resultó ser un gran patriota (participó de la batalla de Custoza, 1866), incansable viajero y autor de muchas obras. Otro interesante aspecto de su vida, es su obra, pues esta se caracterizo por una intrincada mezcla de romanticismo y realismo con un propósito altamente ético en el sentido de orientar al lector siempre hacia el bien. Marruecos (1876), España (1873), Holanda (1874), son algunos de los numerosos libros de viajes que alcanzaron también un gran éxito por la facilidad demostrada por el autor para describir rápidamente los lugares y costumbres que se ofrecen ante su vista. Posteriormente, escribió su exitosisima novela Los amigos (Gli amici, 1883). Otro importante suceso de su vida, el cual tuvo gran peso sobre la misma, fue la unión al partido socialista para el cual publicó estudios, como Cuestión social (Questione sociale, 1894) y dio muchas conferencias. En Novela de un maestro (1890), su mirada es amarga y desencantada, algo raro en su habitual estilo. L'idioma gentile (1905), una apología de la lengua italiana, demuestra el gran amor que Edmundo no solo demostraba a su patria, sino también a las tradiciones y cultura de la misma. Otra obra, tal vez la mejor conocida es Corazón (Cuore) publicada en 1886. Resulta interesante aclarar, que la obra está construida para provocar la emoción y las lágrimas del joven lector. Traducida a casi todos los idiomas y llevada al cine, la televisión y a tiras cómicas numerosas veces a través de los años desde su publicación original (ente otras, la serie japonesa de dibujos animados Marco, de los Apeninos a los Andes). Otro interesante elemento es que el libro, está presentado como el diario de un niño, Enrique, a través de su año escolar como alumno de tercer grado en una escuela municipal de Milán.
Bibliografia Marco: De Los Apeninos A Los Andes Wikipedia: Marco (Anime) Wikipedia: Edmondo De Amicis Ediciones Del Sur: Corazón

jueves, 29 de noviembre de 2007

Una huevada - ("No Tenemos Talento" - Gonzalo Rojas & Kalvicio)

La leyenda del Huevo

"...Según información dada por Gardner en el "Skeptical inquirer" (Mayo/Junio 1996, página 8), la leyenda nació debido a un artículo escrito por Annalee Jacoby y publicado el 19 de marzo de 1945 en la revista Life. La Sra. Jacoby se encontraba en ese entonces asignada en China, cuando presenció un ritual chino bastante peculiar. En ese país el primer día de primavera se llama "Li Chun" y su fecha se fija en aproximadamente seis semanas antes del equinoccio de primavera. Como ya saben los fieles Malos lectores de Astronomía, en la mayoría de los países, los equinoccios y solsticios no marcan el comienzo de las estaciones; es extraño que en Norte América la primavera comienza el día del equinoccio, dado que la estación tiene una duración de tres meses, mientras que en otros países se cree que el primer día real de primavera es seis semanas antes del equinoccio.
De acuerdo a la leyenda china, es más fácil erguir un huevo sobre un extremo durante el día que ellos llaman el primer día de primavera (el cual, recuerden, es a comienzos de febrero). Desgraciadamente, la leyenda china posee un origen incierto, aunque se propagó por medio de libros antiguos acerca de rituales chinos. La señora Jacoby estuvo en la capital "Chunking" el día de Li Chun, cuando una multitud de personas comenzó a erguir huevos. Eso debió haber sido una vista impresionante y por eso ella escribió lo vivido para la revista Life. Evidentemente, la prensa norteamericana recogió la historia y rápidamente los cables expandieron la noticia; en ese momento, había nacido una nueva leyenda.
Lo más gracioso de todo esto es que la Sra. Jacoby evidentemente dijo que ese evento tuvo lugar durante el primer día de primavera, pero nunca se mencionó (o también fue convenientemente olvidado) que el primer día de primavera en China es un mes y medio antes del primer día de primavera reconocido por los norteamericanos. La leyenda ahora estipula que sólo puedes erguir un huevo durante el equinoccio; sin embargo, la leyenda comenzó porque los chinos comenzaron a erguir los huevos seis semanas antes. Irónicamente, ¡la misma base de esta leyenda es errónea!."
mas información aquí

Bueno, aquí un video que hice yo, equilibrando un huevo (de gallina...), en una mesa de vidrio. Ya sé que es una huevada, pero me gusta hueviar, y si a alguien no le gusta, pues me importa un soberano huevo... mentira, estoy hueviando... jejeje que huevón pelotudo!!

No paré el huevo ni el equinoccio ni el primer día de primavera, ni espere ninguna alineación cosmica ni planetaria, solamente se me paro un huevo y me puse a parar el de gallina...




"No Tenemos Talento"
Música : Kalvicio
Letra : Gonzalo Rojas (del poema Rimbaud)
Voz : Gonzalo Rojas



RIMBAUD

No tenernos talento, es que
no tenemos talento, lo que nos pasa
es que no tenemos talento, a lo sumo
oímos voces, eso es lo que oímos: un
centelleo, un parpadeo, y ahí mismo voces. Teresa
oyó voces, el loco
que vi ayer en el Metro oyó voces.

¿Cuál Metro si aquí no hay Metro? Nunca
hubo aquí Metro, lo que hubo
fueron al galope caballos
si es que eso, si es que en este cuarto
de tres por tres hubo alguna vez caballos
en el espejo.

Pero somos precoces, eso sí que somos, muy
precoces, más
que Rimbaud a nuestra edad; ¿más?,
¿todavía más que ese hijo de madre que
lo perdió todo en la apuesta? Viniera y
nos viera así todos sucios, estallados
en nuestro átomo mísero, viejos
de inmundicia y gloria. Un
puntapié nos diera en el hocico.


Gonzalo Rojas, De El alumbrado, 1986.

sábado, 11 de agosto de 2007

Anonimato

Revisando entre los archivos de mi PC, encontré esta carta de José Emilio Pacheco, que quisiera compartir con ustedes...

José Emilio Pacheco
Biografía

Anonimato

(Carta del citado escritor al periodista norteamericano George B. Moore para negarle una entrevista)

No se por que escribimos, querido George,
y a veces me pregunto por que mas tarde publicamos lo escrito.
Es decir, lanzamos una botella al mar que está repleto de basura y botellas con mensajes.
Nunca sabremos a quien ni adonde la arrojaran las mareas.
Lo mas probable es que sucumba en la tempestad
y el abismo en la arena del fondo que es la muerte.
Y sin embargo no es
inútil esta mueca de naufrago.
Porque un domingo me llama usted de
Estes Park, Colorado.
Me dice que ha
leído lo que esta en la botella
(a
través de los mares: nuestras dos lenguas) y quiere hacerme una entrevista.
¿Como explicarle que jamas he dado una entrevista, que mi
ambición es ser leído y no “celebre”, que importa el texto y no el autor del texto, que descreo del circo literario?
Luego recibo un telegrama inmenso (cuánto se habrá gastado usted, querido amigo, al enviarlo).
No puedo contestarle ni dejarlo en silencio.
Y se me ocurren estos versos. No es un poema.
No aspira al privilegio de la poesía (no es voluntaria).
Y voy a usar, como lo hacían los antiguos, el verso como instrumento de todo aquello
(relato, carta, tratado, drama, historia, manual
agrícola) que hoy decimos en prosa.
Para empezar a no responderle
diré:

No tengo nada que añadir a lo que esta en mis poemas,
no me interesa comentario, no me preocupa (si alguno tengo) mi lugar en “la historia”.
Poesía no es signos negros en la pagina blanca.
Llamo
poesía a ese lugar del encuentro con la experiencia ajena.
El lector, la lectora harán (o no) el poema que tan solo he esbozado.
No leemos a otros; nos leemos en ellos.
Me parece un milagro que alguien que desconozco pueda verse en mi espejo.
Si hay un mérito en esto -dijo
Pessoa- corresponde a los versos, no al autor de los versos.
Si de casualidad es, un gran poeta dejara tres o cuatro poemas válidos, de fracasos y borradores.
Sus opiniones personales son de verdad muy poco interesantes.
Extraño mundo el nuestro: cada vez le interesan más los poetas,
la
poesía dejo de ser la voz de su tribu, aquel que habla por quienes no hablan.
Se ha vuelto nada mas que
entertainer.
Sus borracheras, sus fornicaciones, su historia clínica, sus alianzas y pleitos con los
demás payasos del circo, o el trapecista o el domador de elefantes, tienen asegurado el amplio público a quien
ya no hace falta leer poemas.
Sigo pensando que es otra cosa la poesía:
una forma de amor que solo existe en silencio,
en un pacto secreto de dos personas, de dos desconocidos casi siempre.
Acaso leyó usted que Juan Ramón
Jiménez pensó hace medio siglo
en editar una revista
poética que iba a llamarse Anonimato.
Anonimato publicaría poemas, no firmas:
estaría hecha de textos y no de autores.
Y yo quisiera como el poeta español que la
poesía fuese anónima ya que es colectiva
(a eso tienden mis versos y mis versiones).
posiblemente usted me dará la razón.
Usted que me ha leído y no me conoce.
No nos veremos nunca pero somos amigos.
Si le gustaron mis versos ¿Que más da que sean míos/ de otros/ de nadie?
En realidad los poemas que
leyó son de usted: Usted, su autor, que los inventa al leerlos.

José Emilio Pacheco
(
México, 21 de mayo, 1983)

sábado, 21 de abril de 2007

Un Cuento De Relojes

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


- Julio Cortázar -
- Historias de cronopios y de famas -
- Buenos Aires, Sudamericana, 1994 -


Santa Bernardina Del Monte

Para ahorrar energía eléctrica, las autoridades de Santa Bernardina del Monte dispusieron que a la hora cero del día veinticinco los relojes se atrasaran una hora, pasando a marcar las veintitrés horas del día venticuatro.

De este modo la gente que tuviera que levantarse a la hora siete del día veinticinco no tendría que prender ninguna luz, ya que en realidad serían las ocho y el sol estaría ya en plena actividad.

Cuando llegó el momento –la hora cero del día veinticinco– la gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Fueron entonces –volvieron a ser– las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la hora cero del día veinticinco. La gente de Santa Bernardina del Monte, obediente como era, atrasó sus relojes una hora. Volvieron a ser entonces las veintitrés horas del día veinticuatro. Una hora después, los relojes volvían a marcar la hora cero del día veinticinco. (...)

Tres días después del cambio de hora, un funcionario del gobierno central que pasaba por el pueblo interpretó la actitud de los lugareños como huelga general por tiempo indeterminado (...) diez mil soldados entraron con helicópteros y tanques a Santa Bernardina, aniquilando a los insurrectos”.

- Leo Maslíah, 1990. -

domingo, 15 de abril de 2007

Solo Para Locos

Un fragmento del libro "El Lobo Estepario" de Hermann Hesse.

...Un día lo encontré en la calle, en el malecón, y se me agregó en seguida. Esta vez logré por fin hacerlo hablar.

-Señor Pablo -le dije; iba jugando con un bastoncito delgado, negro y con adornos de plata-. Usted es amigo de Armanda; éste es el motivo por el cual yo me intereso por usted. Pero he de decir que usted no me hace la conversación precisamente fácil. Muchas veces he intentado hablar con usted de música; me hubiera interesado oír su opinión, sus contradicciones, su juicio; pero usted ha desdeñado darme ni siquiera la más pequeña respuesta.

Me miró riendo cordialmente, y en esta ocasión no me dejó a deber la contestación, sino que dijo con toda tranquilidad:

-¿Ve usted? A mi juicio no sirve de nada hablar de música. Yo no hablo nunca de música. ¿Qué hubiese podido responderle yo a sus palabras tan inteligentes y apropiadas? Usted tenía tanta razón en todo lo que decía... Pero vea usted, yo soy músico y no erudito, y no creo que en música el tener razón tenga el menor valor. En música no se trata de que uno tenga razón, de que se tenga gusto y educación y todas esas cosas.

-Bien; pero, entonces, ¿de qué se trata?

-Se trata de hacer música, señor Haller, de hacer música tan bien, tanta y tan intensiva, como sea posible. Esto es, monsieur. Si yo tengo en la cabeza todas las obras de Bach y de Haydn y sé decir sobre ellas las cosas más juiciosas, con ello no se hace un servicio a nadie. Pero si yo cojo mi tubo y toco un shimmy de moda, lo mismo da que sea bueno o malo, ha de alegrar sin duda a la gente, se les entra en las piernas y en la sangre. De esto se trata nada más. Observe usted en un salón de baile las caras en el momento en que se desata la música después de un largo descanso; ¡cómo brillan entonces los ojos, se ponen a temblar las piernas, empiezan a reír los rostros! Para esto se toca la música.

-Muy bien, señor Pablo. Pero no hay sólo música sensual, la hay también espiritual. No hay sólo aquella que se toca precisamente para el momento, sino también música inmortal, que continúa viviendo, aun cuando no se toque. Cualquiera puede estar solo tendido en su cama y despertar en sus pensamientos una melodía de La Flauta encantada o de la Pasión de San Mateo; entonces se produce música sin que nadie sople en una flauta ni rasque un violín.

-Ciertamente, señor Haller. También el Yearning y el Valencia son reproducidos calladamente todas las noches por personas solitarias y soñadoras; hasta la más pobre mecanógrafa en su oficina tiene en la cabeza el último onestep y teclea en las letras llevando su compás. Usted tiene razón, todos estos seres solitarios, yo les concedo a todos la música muda, sea el Yearning o La Flauta encantada o el Valencia. Pero, ¿de dónde han sacado, sin embargo, estos hombres su música solitaria y silenciosa? La toman de nosotros, de los músicos, antes hay que tocarla y oírla y tiene que entrar en la sangre, para poder luego uno en su casa pensar en ella en su cámara y soñar con ella.

-Conformes -dije secamente-. Sin embargo, no es posible colocar en un mismo plano a Mozart y al último fox-trot. Y no es lo mismo que toque usted a la gente música divina y eterna, o barata música del día.

Cuando Pablo percibió la excitación en mi voz puso en seguida su rostro más delicioso, me pasó la mano por el brazo, acariciándome, y dio a su voz una dulzura increíble.

-Ah, claro señor; con los planos puede que tenga usted razón por completo. Yo no tengo ciertamente nada en contra de que usted coloque a Mozart y a Haydn y al Valencia en el plano que usted guste. A mí me es enteramente lo mismo; yo no soy quien ha de decidir en esto de los planos, a mí no han de preguntarme sobre el particular. A Mozart quizá lo toquen todavía dentro de cien años, y el Valencia acaso dentro de dos ya no se toque; creo que esto se lo podemos dejar tranquilamente al buen Dios, que es justo y tiene en su mano la duración de la vida de todos nosotros y la de todos los valses y todos los fox-trots y hará seguramente lo más adecuado. Pero nosotros los músicos tenemos que hacer lo nuestro, lo que constituye nuestro deber y nuestra obligación; hemos de tocar precisamente lo que la gente pide en cada momento, y lo hemos de tocar tan bien, tan bella y persuasivamente como sea posible.

Suspirando, hube de desistir. Con este hombre no se podían atar cabos...

Rosa Araneda - Volcán Calbuco

Dos plagas más el volcán Calbuco y el cambio tan bajo El volcán vomita fuego en la noche y en el día: ¡Ay, Jesús, Virgen María, atiende...